Si vienes con dos pares —o con un par y tus plantillas— medimos los dos en la misma sesión, al mismo ritmo y con el mismo protocolo. Sales sabiendo con cuál bajan tus impactos, con cuál tu pisada es más simétrica y con cuál tu pelvis trabaja menos.
No siempre gana la misma en todo, y eso también es información útil: a veces una te protege el impacto y la otra te da mejor economía, y la conclusión es que cada una tiene su tipo de sesión.
El caso más frecuente: ¿mis plantillas me están haciendo algo?
Es la pregunta que más nos llega, y casi nadie la responde con datos. Llevas unas plantillas desde hace meses o años, te las puso alguien por un motivo, y desde entonces nadie ha vuelto a comprobar qué hacen cuando corres.
Lo que vemos a menudo no es un sí o un no: la plantilla mejora la dinámica del pie y empeora algún parámetro de la cadera, o justo al revés. Frena la velocidad de pronación, que es exactamente lo que se le pide, y a cambio la pelvis empieza a moverse más rápido en otro plano. Con un solo número no lo verías; midiendo las dos condiciones seguidas, sí.
Y aquí es donde la batería de tests previa deja de ser un trámite. Si el isométrico de abductores o el salto a una pierna ya señalaban una asimetría funcional en esa misma cadera, entonces ese cambio en la carrera no es una curiosidad estadística: es el mismo problema visto desde otro instrumento, y ya tenemos un criterio para decidir qué hacer con las plantillas en lugar de una opinión.
El panel de ejemplo que tienes más arriba es justo este caso: el mismo corredor, las mismas zapatillas, con plantillas y sin ellas. Míralo pestaña a pestaña y verás que el pie y la pelvis no cuentan la misma historia.
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Añade unos veinte minutos a la sesión.